Cada 3 de mayo, el mundo conmemora el Día Mundial de la Libertad de Prensa, una fecha destinada a defender el derecho a informar, promover la libertad de expresión y reconocer el papel fundamental que desempeñan los medios de comunicación en la sociedad.
Sin embargo, más allá de los discursos institucionales y de las declaraciones oficiales, la realidad cotidiana de muchos periodistas africanos —y particularmente ecuatoguineanos— sigue marcada por desafíos silenciosos que rara vez ocupan titulares: la precariedad económica, la falta de apoyo al periodismo independiente y las dificultades para sostener medios de comunicación privados.
En este contexto, la reciente afirmación del estudiante finalista de Periodismo y Comunicación Audiovisual de la UNGE, Pastor Santiago Nguema, durante las actividades del Día Internacional de la Libertad de Prensa, ha abierto un debate nacional necesario: “El trabajo no dignifica al hombre, es el salario.”
Una frase breve, pero cargada de profundidad social y profesional.
Más allá de interpretaciones filosóficas, las palabras del joven universitario conectan directamente con una realidad que numerosos periodistas viven desde hace décadas: ejercer la profesión con vocación, sacrificio y responsabilidad, pero sin condiciones económicas dignas.

PORQUE INFORMAR CUESTA
Cuesta pagar dominios web, internet, equipos, desplazamientos, cobertura de eventos, producción audiovisual y mantenimiento técnico. Cuesta motivar colaboradores, sostener redacciones y mantener la independencia editorial cuando el respaldo financiero es limitado o inexistente.
Muchos medios emergentes sobreviven gracias al esfuerzo personal de sus fundadores, quienes terminan financiando proyectos informativos con sus propios salarios y recursos familiares. Una situación que coloca al periodista ante una contradicción permanente: defender la independencia profesional mientras lucha diariamente por la supervivencia económica de su medio.
La realidad es aún más compleja cuando algunos actores con capacidad de apoyar al sector —ya sea mediante publicidad, colaboración institucional o patrocinio— seleccionan únicamente a medios o profesionales que respaldan determinadas narrativas o intereses.
Y entonces surge una pregunta inevitable: ¿Puede existir una prensa verdaderamente libre cuando el apoyo económico depende de la obediencia editorial?
EL DEBATE NO BUSCA CONFRONTACIÓN, SINO REFLEXIÓN NACIONAL
Porque la libertad de prensa no se limita solamente a permitir publicaciones o autorizar medios. También implica crear condiciones reales para que el periodista pueda trabajar con dignidad, estabilidad y autonomía profesional.
Durante más de veinte años, muchos profesionales de la comunicación en Guinea Ecuatorial han trabajado enfrentando limitaciones económicas, falta de recursos y escaso reconocimiento, manteniendo viva la vocación de informar pese a las dificultades.
Hoy, en plena era digital, nuevos medios y plataformas independientes intentan abrirse camino desde el emprendimiento privado, apostando por un periodismo más cercano a la ciudadanía. Pero el reto sigue siendo enorme.

Por ello, este Día Mundial de la Libertad de Prensa debería servir no solo para celebrar principios, sino también para formular preguntas incómodas pero necesarias:
- ¿Puede haber libertad de prensa sin sostenibilidad económica para los medios?
- ¿Hasta qué punto la precariedad condiciona la independencia del periodista?
- ¿Por qué algunos medios reciben apoyo y otros son ignorados o excluidos?
- ¿Debe la publicidad institucional distribuirse con mayor equilibrio y transparencia?
- ¿Se valora realmente el mérito profesional o pesan más las afinidades y los intereses?
- ¿Estamos construyendo una prensa libre o una prensa dependiente?
La libertad de prensa no se fortalece únicamente con discursos. También se construye apoyando al periodismo responsable, respetando la diversidad informativa y creando oportunidades equitativas para todos los profesionales del sector.
Porque una sociedad bien informada necesita periodistas libres. Y un periodista difícilmente será libre si trabaja permanentemente bajo la presión de la precariedad y el abandono.
