Cambiar las pilas, no romper el mando

El periodista ecuatoguineano Norberto Olinga dejó una reflexión tan sencilla como profunda:

“En nuestra sociedad, tenemos la mala costumbre de pegar al mando cuando las pilas ya no responden, como si fuera el mando el verdadero problema. Olvidando que el mando solo necesita pilas nuevas para su correcto funcionamiento”.

Este adagio, cargado de sentido común, describe con precisión una actitud muy extendida en nuestra vida social, institucional y comunitaria. Cuando algo deja de funcionar, buscamos culpables visibles, descargamos frustraciones y optamos por el ruido antes que por el análisis. Golpeamos el mando, sin detenernos a revisar las pilas.

En Guinea Ecuatorial, esta metáfora nos invita a una reflexión colectiva. Muchas veces exigimos resultados inmediatos sin preguntarnos si existen las condiciones necesarias para lograrlos: formación, medios, acompañamiento, valores, disciplina y voluntad de mejora. Criticamos personas, instituciones o procesos sin revisar primero los recursos humanos y materiales que los sostienen.

Cambiar las pilas implica invertir en educación, fortalecer la ética, mejorar la gestión, apostar por la formación continua y asumir responsabilidades compartidas. Ningún sistema funciona de manera óptima si se le priva de energía, apoyo y renovación. El problema rara vez es el mando; casi siempre es el desgaste silencioso de las pilas.

Los adagios existen para recordarnos verdades incómodas. Esta, en particular, nos enseña que la solución no está en la confrontación estéril, sino en el diagnóstico sereno, la autocrítica constructiva y la voluntad de corregir. Cambiar las pilas es más sencillo, más inteligente y más eficaz que romper el mando. Que esta reflexión nos ayude a pensar antes de reaccionar, a construir antes de destruir y a renovar lo necesario para que lo valioso siga funcionando.

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