En Malabo, desplazarse a pie se ha convertido en un ejercicio de riesgo cotidiano. La proliferación desordenada de mercadillos en distintos puntos de la ciudad ha provocado la ocupación total de aceras, obligando a los peatones a abandonar los espacios destinados a su seguridad y a caminar por la calzada, compartiendo vía con vehículos y motocicletas.
Esta situación no solo afecta a la movilidad urbana, sino que plantea un serio problema de seguridad vial. Niños camino a la escuela, personas mayores, mujeres embarazadas y trabajadores se ven expuestos a atropellos y accidentes en calles donde el tráfico es intenso y, en muchos casos, carece de señalización adecuada. El peatón, el eslabón más vulnerable, ha quedado desprotegido.
Es importante reconocer que los mercadillos cumplen una función económica y social relevante, especialmente para cientos de familias que dependen del comercio informal para subsistir. Sin embargo, esta realidad no puede desarrollarse al margen del orden urbano ni en detrimento de la seguridad ciudadana.
El problema no es la existencia de los mercadillos, sino su falta de regulación.
En este contexto, resulta imprescindible una actuación coordinada de las instituciones responsables.
El Ayuntamiento de Malabo debe asumir su papel en la planificación del espacio público, habilitando zonas específicas y seguras para la venta ambulante. El Ministerio del Interior tiene la responsabilidad de velar por el cumplimiento de las normas de circulación y proteger a los peatones. Por su parte, el Ministerio de Comercio debe impulsar políticas que integren a los pequeños vendedores en un marco legal y organizado.
La solución no pasa por la represión ni el desalojo improvisado, sino por una estrategia sostenible que combine orden, seguridad y oportunidades económicas. Recuperar las aceras para el peatón es una necesidad urgente y una muestra de compromiso con una ciudad más segura, inclusiva y funcional.