Ni marabú ni milagro: cuando el fútbol se decide en el campo

En los últimos días, coincidiendo con el avance de Malí en la Copa Africana de Naciones 2025, se ha viralizado en redes sociales una historia según la cual un supuesto marabú habría solicitado 100 millones de FCFA para “asegurar” el título continental a la selección maliense. El relato, adornado con cifras, promesas de pagos y supuestos favores espirituales, ha despertado risas, polémica y también preocupación.

Sin embargo, una revisión objetiva de los hechos deportivos reales desmonta por completo esta narrativa.

Los datos no mienten

Malí no ganó su partido de octavos en el tiempo reglamentario. Empató 1-1 frente a Túnez y solo avanzó tras imponerse en la tanda de penales, una instancia donde no existe control absoluto, ni humano ni sobrenatural. El resultado fue producto del acierto desde los once metros y del error del rival, una circunstancia común y documentada en la historia del fútbol.

Ahora, Malí deberá enfrentarse en cuartos de final a Senegal, una selección que superó con autoridad a Sudán, mostrando solidez táctica, experiencia competitiva y un plantel más profundo. Si los poderes espirituales decidieran los torneos, este cruce carecería de sentido. Pero el fútbol no funciona así.

Creencias culturales vs. deporte profesional

África es un continente rico en tradiciones, espiritualidad y cosmovisiones ancestrales. Estas forman parte de la identidad de los pueblos y merecen respeto. No obstante, el fútbol moderno, regulado por normas internacionales, análisis de rendimiento, preparación física y estrategia, no se gana con rituales, sino con entrenamiento, talento y disciplina.

Si bastara con pagar a un intermediario espiritual para ganar una Copa Africana, países con mayor tradición en estas prácticas habrían monopolizado el palmarés continental desde hace décadas. Y, sin embargo, la historia demuestra lo contrario: los campeones son aquellos que mejor juegan, mejor planifican y mejor resisten la presión.

El peligro del relato fácil

Este tipo de rumores no solo trivializan el esfuerzo de los jugadores y cuerpos técnicos, sino que también desvían la atención de los verdaderos problemas y virtudes del fútbol africano: la necesidad de mejores infraestructuras, formación de base, profesionalización arbitral y gestión transparente.

El partido Malí–Túnez no se decidió en un altar ni en una promesa económica, se decidió en el césped… y en los penales. Y el próximo partido frente a Senegal se decidirá exactamente igual: con fútbol.

Conclusión

La suerte existe, sí. La fe acompaña, también. Pero el deporte se practica y se gana en el terreno de juego.

La CAN 2025 está siendo una demostración clara de que, incluso en África, donde la espiritualidad es parte del tejido social, el fútbol de alto nivel responde a una lógica universal: gana el mejor preparado. Todo lo demás es ruido.

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