Hablar hoy de Guinea Ecuatorial es hablar de unidad nacional, paz, estabilidad y responsabilidad colectiva. No son conceptos abstractos ni consignas políticas vacías, sino pilares reales sobre los que se sostiene el presente y se construye el futuro del país. En este sentido, las reflexiones del Presidente de la República, S.E. Obiang Nguema Mbasogo, invitan a una lectura profunda y autocrítica de nuestra sociedad.
Uno de los mensajes más recurrentes y, a la vez, más necesarios, es la llamada a la responsabilidad individual del ciudadano. El desarrollo no puede entenderse únicamente como una tarea del Gobierno. Ningún país avanza si sus ciudadanos adoptan una postura pasiva, esperando que todo venga de arriba. El progreso auténtico nace cuando cada persona asume su papel, trabaja con dignidad y aporta, desde su ámbito, al bienestar colectivo.
La unidad nacional aparece como un valor irrenunciable. En un mundo cada vez más fragmentado, Guinea Ecuatorial tiene el reto de mantenerse cohesionada, consciente de que las divisiones internas debilitan a los pueblos y retrasan su desarrollo. Caminar bajo una misma bandera no significa pensar igual, sino respetarnos, reconocernos y priorizar el interés general por encima de diferencias Qqpersonales, étnicas o circunstanciales.
Otro eje central es la paz y la estabilidad, que el Presidente ha calificado en varias ocasiones como no negociables. Y con razón. Sin paz no hay inversión, sin estabilidad no hay empleo y sin orden no hay desarrollo sostenible. La historia reciente de muchos países demuestra que destruir la paz cuesta segundos, pero reconstruirla puede llevar generaciones. Guinea Ecuatorial tiene el deber moral de proteger este patrimonio común.
Asimismo, la lucha contra la corrupción y la promoción de valores como la honestidad, la disciplina y el trabajo bien hecho deben ser asumidas no solo como políticas públicas, sino como actitudes diarias de la ciudadanía. El Estado puede establecer normas, pero es la sociedad quien las convierte en cultura o las vacía de contenido.
El llamado a ser mejores que nuestros predecesores es, quizás, uno de los mensajes más interpeladores. La juventud, los estudiantes, los profesionales y los líderes sociales están llamados a elevar el listón, a formarse mejor, a actuar con mayor conciencia cívica y a entender que el futuro del país no es una herencia automática, sino una construcción permanente.
En definitiva, Guinea Ecuatorial no necesita únicamente más infraestructuras o más discursos, sino más ciudadanos comprometidos, conscientes de que el desarrollo es una tarea compartida. Apoyar las acciones del Gobierno no implica renunciar al pensamiento crítico, sino contribuir, desde la responsabilidad y el civismo, a que el país avance con paso firme, unido y en paz.
Porque el verdadero progreso comienza cuando entendemos que el futuro de Guinea Ecuatorial también depende de mí.