La celebración del Eid al-Adha, conocida también como el Día del Cordero, ha provocado este miércoles una notable paralización de la actividad comercial en distintos puntos de Malabo, dejando en evidencia la fuerte dependencia alimentaria que afecta a miles de familias en Guinea Ecuatorial.
Desde tempranas horas de la mañana, numerosos restaurantes, abacerías y pequeños establecimientos permanecieron cerrados en barrios céntricos y periféricos de la capital. La escena, repetida cada año durante esta festividad religiosa, volvió a generar preocupación entre ciudadanos que dependen de las compras diarias para garantizar la alimentación de sus hogares.
En mercados y calles comerciales, varios residentes recorrían locales en busca de arroz, pan, aceite y otros productos básicos, encontrándose con persianas bajadas y una oferta limitada en los pocos negocios abiertos. En algunos casos, la escasez provocó incrementos de precios y largas esperas.
“Hay familias que no tienen capacidad para almacenar comida varios días. Aquí mucha gente vive al día”, señalaba una mujer en las inmediaciones del mercadillo de Ela Nguema, mientras buscaba productos esenciales para cocinar.
La situación ha vuelto a poner sobre la mesa la fragilidad del sistema de abastecimiento urbano y la elevada dependencia de pequeños comercios gestionados, en gran parte, por comunidades extranjeras y comerciantes informales. Cuando una parte significativa de estos negocios cesa temporalmente su actividad por motivos festivos, miles de ciudadanos quedan expuestos a dificultades inmediatas de acceso a alimentos.
Economistas locales y observadores sociales advierten desde hace años sobre la necesidad de fortalecer la producción nacional y diversificar los canales de distribución alimentaria en el país. La dependencia de importaciones y del comercio minorista diario convierte cualquier interrupción colectiva en un factor de tensión para los sectores más vulnerables.
Aunque el Día del Cordero representa una fecha de profunda importancia espiritual para la comunidad musulmana, marcada por la oración, el sacrificio y la solidaridad, la realidad cotidiana de muchas familias ecuatoguineanas refleja otra cara de la jornada: incertidumbre, escasez y dificultades para acceder a productos básicos.
En algunos barrios de Malabo, vecinos denunciaron además la falta de previsión institucional para garantizar servicios mínimos o mercados alternativos durante celebraciones que históricamente afectan la dinámica comercial de la ciudad.
Más allá del carácter religioso de la festividad, la jornada ha servido nuevamente como espejo de una realidad silenciosa: la vulnerabilidad alimentaria de buena parte de la población ecuatoguineana y la fragilidad de una economía doméstica sostenida, día tras día, sigue evidenciando el potencial económico de la que disponen los negocios de ciudadanos expatriados que llevan el negocio de los productos de primera necesidad en el país, donde la población sigue echando en falta mecanismos que minimicen en gran parte, estos agujeros alimenticios, cuando llega el mes del sacrificio del cordero.
Redacción:+240555439637