El topé: una tradición que corre el riesgo de desaparecer

LA MODERNIDAD NO DEBERÍA SIGNIFICAR EL ABANDONO DE LOS SABERES ANCESTRALES. EL RELEVO GENERACIONAL ES EL MAYOR DESAFÍO PARA PRESERVAR UNA DE LAS TRADICIONES MÁS REPRESENTATIVAS DE LOS PUEBLOS DE GUINEA ECUATORIAL.

‎»Si los jóvenes siguen dando la espalda a este oficio, llegará un día en que la gente querrá beber topé y no encontrará quién lo produzca», reflexiona el abuelo Mba Ndong mientras observa cómo una de las tradiciones más antiguas de los pueblos de Guinea Ecuatorial pierde, poco a poco, a sus herederos. Para él, el verdadero peligro no es la desaparición de una bebida, sino la pérdida de un conocimiento ancestral que durante generaciones ha fortalecido los vínculos familiares y ha formado parte de la identidad cultural de nuestras comunidades.

‎Durante décadas, las vacaciones escolares tenían un significado especial en los pueblos. Más allá del descanso, representaban una oportunidad para que los jóvenes convivieran con sus mayores y aprendieran los oficios tradicionales que daban sustento e identidad a sus familias. Entre ellos destacaba la extracción del topé, el vino de palma, una actividad que, por tradición, enseñaban los tíos y otros familiares que permanecían en el poblado durante todo el año.

‎Sin embargo, esa realidad parece desvanecerse. Durante una visita a Esandon Eves, el abuelo Mba Ndong compartió su preocupación por la forma en que la globalización y las nuevas tecnologías están transformando los hábitos de las nuevas generaciones.

‎»Antes, cuando llegaban las vacaciones, los muchachos acompañaban a sus tíos al bosque para aprender a sacar el topé. No era solo un trabajo; era una escuela de vida», recuerda con nostalgia.

‎Para Mba Ndong, el problema no radica únicamente en el avance de la tecnología, sino en el uso que se hace de ella. Considera que el tiempo que muchos jóvenes dedican a los teléfonos móviles, los ordenadores y la televisión ha desplazado el interés por aprender los conocimientos heredados de sus mayores.

‎»Hoy los jóvenes pasan más tiempo con el teléfono, el ordenador o frente al televisor que aprendiendo lo que nuestros mayores nos enseñaron. Poco a poco se está perdiendo ese interés», lamenta.

‎Su mayor preocupación es que esta falta de relevo generacional termine condenando a la desaparición una práctica que ha acompañado durante siglos la vida de numerosas comunidades.

‎»Me preocupa pensar que dentro de cuarenta o cincuenta años la gente quiera beber topé y ya no encuentre quién lo produzca. Si nadie aprende hoy, mañana no habrá quien continúe con esta tradición», advierte.

‎Las palabras del anciano invitan a una reflexión necesaria. La tecnología ha abierto nuevas oportunidades para las generaciones actuales y ha transformado la manera de aprender, comunicarse y trabajar. Sin embargo, ese progreso no debería significar el abandono de los conocimientos que forman parte de nuestra memoria colectiva. Modernidad y tradición no tienen por qué caminar en direcciones opuestas.

‎»El progreso no debe hacernos olvidar quiénes somos. Podemos usar la tecnología, pero también debemos conservar nuestras tradiciones para que nuestros hijos y nietos sepan de dónde vienen», concluye Mba Ndong.

‎La historia del topé trasciende el ámbito de una simple bebida tradicional. Representa un legado cultural, un oficio transmitido de generación en generación y una expresión de la identidad de los pueblos de Guinea Ecuatorial. Preservarlo dependerá de la voluntad de las nuevas generaciones para aprender de sus mayores y comprender que el verdadero desarrollo también consiste en proteger aquello que nos define como pueblo.

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