La Copa Africana de Naciones no solo se vive con goles, tácticas y resultados. En ocasiones, el fútbol se transforma en un lenguaje simbólico, capaz de unir historia, identidad y emoción colectiva. Ese ha sido el caso de Kuka Muladinga, un aficionado de la República Democrática del Congo, cuya imagen ha dado la vuelta al continente y al mundo.
Con 53 años, Kuka Muladinga acompañó a la selección congoleña durante la CAN con una actitud que llamó poderosamente la atención: permaneció de pie, completamente inmóvil, durante los 90 minutos de cada partido, sin gestos, sin aplausos, sin moverse. Una presencia silenciosa, firme y profundamente simbólica.
Un homenaje a Patrice Lumumba
La postura adoptada por Muladinga no fue casual. Su inmovilidad reproducía deliberadamente la estatua conmemorativa de Patrice Lumumba en Kinshasa, figura histórica de la independencia congoleña y primer Primer Ministro del país, convertido en símbolo panafricano de resistencia, dignidad y lucha contra el colonialismo.
En un estadio dominado por el ruido, los cánticos y la pasión, su silencio se convirtió en un mensaje poderoso:
el fútbol también puede ser memoria histórica, reivindicación y conciencia nacional.
El fútbol como expresión política y cultural
La imagen de Kuka Muladinga se viralizó en redes sociales y fue recogida por medios internacionales, que destacaron la fuerza de su gesto en un torneo donde la emoción suele expresarse con gritos y euforia. Su figura recordó que, en África, el deporte no está desligado de la historia ni de las heridas del pasado.
Paradójicamente, el mismo día en que la selección congoleña cayó por 1-0 ante Argelia en tiempo prolongado, muchos usuarios señalaron que, simbólicamente, “la estatua había caído”, no como derrota moral, sino como reflejo del dolor y la lucha permanente del pueblo congoleño.
Más que un hincha, un símbolo
Kuka Muladinga no marcó goles ni levantó trofeos, pero logró algo igualmente trascendente:
convertir un partido de fútbol en un acto de homenaje nacional y recordar que la CAN es también un espacio donde África se cuenta a sí misma.
En un torneo lleno de sorpresas, su gesto quedará como una de las imágenes más icónicas: un hombre inmóvil, sosteniendo con su cuerpo la memoria de un continente.