¿Basta con estudiar Periodismo para ser periodista? ¿Basta con acumular años en un medio? Probablemente ninguna de las dos respuestas, por sí sola, explica la realidad de una profesión que exige formación, práctica, ética, vocación y responsabilidad.
Hay debates que merecen ser tratados con serenidad, porque cuando se convierten en una pelea entre personas terminan perdiendo aquello que realmente importa: la profesión.
En los últimos días ha surgido una cuestión que merece nuestra atención: si una persona que comenzó estudios universitarios, los abandonó después de uno o dos años y posteriormente acumuló cinco o más años de experiencia trabajando en medios de comunicación puede considerarse periodista.
La pregunta parece sencilla.
La respuesta, sin embargo, no lo es.
Porque estamos confundiendo varias cosas que conviene separar: titulación académica, formación profesional, experiencia, competencia, vocación, ética y ejercicio efectivo de la profesión.
EL TÍTULO ES IMPORTANTE, PERO NO LO ES TODO
Estudiar Periodismo o Comunicación proporciona una formación sistemática que no debe ser despreciada.
En una universidad se estudian técnicas de investigación, géneros periodísticos, redacción, documentación, comunicación, ética, legislación, fuentes, producción audiovisual y otros conocimientos fundamentales.
Por eso, quien obtiene una licenciatura o grado en Periodismo posee una cualificación académica que merece reconocimiento.
Pero hay que tener cuidado con una conclusión equivocada: tener un título no convierte automáticamente a una persona en un buen periodista.
Un diploma puede acreditar que alguien superó determinados estudios.
No puede garantizar que esa persona sepa investigar.
No garantiza que contraste una información antes de publicarla.
No garantiza que respete al entrevistado.
No garantiza que sepa reconocer una fuente falsa.
No garantiza que tenga criterio.
Y mucho menos garantiza que tenga vocación.
El periodismo no termina cuando se entrega un título.
En realidad, ahí puede comenzar una etapa diferente.

EL OFICIO TAMBIÉN ENSEÑA
Existe otra escuela que no debemos despreciar: la redacción.
El reportero aprende saliendo a la calle.
Aprende preguntando.
Aprende equivocándose y corrigiendo.
Aprende a reconocer una fuente.
Aprende a distinguir un rumor de una información.
Aprende a construir una entrevista.
Aprende a buscar documentos.
Aprende a cubrir una rueda de prensa.
Aprende a trabajar bajo presión.
Aprende a escribir para que el ciudadano entienda.
Y aprende, sobre todo, que publicar una información significa asumir una responsabilidad.
Por eso la experiencia profesional tiene valor.
Pero tampoco debemos cometer el error contrario.
Cinco años trabajando en un medio no significan automáticamente cinco años de formación periodística.
Depende de qué se haya hecho durante esos cinco años.
No es lo mismo ejercer como reportero que trabajar como administrativo.
No es lo mismo investigar que limitarse a reproducir comunicados.
No es lo mismo redactar información propia que copiar contenidos de otros medios.
No es lo mismo ser cámara que ejercer como JRI.
No es lo mismo gestionar redes sociales que realizar periodismo de investigación.
La experiencia debe ser real, pertinente y demostrable.
EL MUNDO NOS OFRECE EJEMPLOS
La historia del periodismo internacional demuestra que el camino hacia esta profesión no siempre ha sido idéntico.
Walter Cronkite, una de las figuras más importantes de la televisión estadounidense, abandonó sus estudios universitarios y construyó su extraordinaria carrera fundamentalmente mediante el ejercicio profesional.
Bob Woodward, uno de los periodistas de investigación más reconocidos de Estados Unidos, estudió Historia y Literatura en Yale, no Periodismo.
En España encontramos igualmente grandes profesionales cuya formación inicial fue diferente.
Julia Otero estudió Filología Hispánica.
Ana Blanco estudió Pedagogía.
Carlos Herrera estudió Medicina.
Y todos terminaron desarrollando carreras extraordinariamente relevantes en los medios de comunicación.
Esto no significa que sus títulos universitarios fueran inútiles.
Todo lo contrario.
Su formación inicial pudo aportarles conocimientos y herramientas que posteriormente enriquecieron su ejercicio profesional.
La lección es otra: el periodismo puede ser una profesión de llegada, no solamente una profesión de origen académico.

FRANCIA NOS ENSEÑA ALGO CON EL JRI
El caso francés resulta especialmente interesante.
El Journaliste Reporter d’Images —JRI— no es simplemente un operador de cámara.
Es un profesional que combina competencias periodísticas y audiovisuales: investigar, entrevistar, recoger información, verificar fuentes, grabar imagen y sonido, construir un reportaje y participar en su edición y difusión.
Francia ha desarrollado formaciones profesionales específicas para este perfil.
Esto demuestra que existen caminos especializados para llegar al periodismo audiovisual.
Y también encontramos la VAE —Validation des acquis de l’expérience—, mediante la cual determinadas competencias adquiridas profesionalmente pueden ser reconocidas dentro de sistemas de certificación.
La experiencia, por tanto, no es automáticamente una titulación.
Pero tampoco es automáticamente nada.
Puede convertirse en una fuente de cualificación cuando se acompaña de competencias demostrables y mecanismos adecuados de reconocimiento.
SENEGAL Y BENÍN TAMBIÉN SON REFERENCIAS
En Senegal, el JRI aparece dentro de las categorías profesionales vinculadas al ámbito periodístico y audiovisual.
En Benín encontramos igualmente formación específica y profesionales que desarrollan funciones de periodista reportero de imágenes.
Esto resulta especialmente interesante para nosotros porque no estamos hablando únicamente de Europa.
Estamos hablando también de África francófona.
Y eso significa que Guinea Ecuatorial puede mirar hacia experiencias de países con realidades culturales, lingüísticas e institucionales más próximas.
ESPAÑA TAMBIÉN OFRECE UNA LECCIÓN
La Asociación de la Prensa de Madrid contempla como vía ordinaria de ingreso la titulación universitaria correspondiente, pero sus estatutos también prevén excepcionalmente la posibilidad de admitir a personas sin esa titulación cuando exista profesionalidad contrastada, antigüedad y continuidad en el ejercicio de funciones específicamente periodísticas.
Eso es importante.
Porque no dice que el título y la experiencia sean lo mismo.
Dice algo mucho más sensato: son vías diferentes y pueden existir mecanismos para reconocer una trayectoria profesional suficientemente acreditada.

VOCACIÓN: LA PALABRA QUE A VECES OLVIDAMOS
Pero existe una dimensión que ninguna universidad, ningún diploma y ningún certificado pueden garantizar por sí solos: la vocación.
¿Por qué una persona quiere ser periodista?
¿Para informar?
¿Para servir a la sociedad?
¿Para investigar?
¿Para dar voz a quien no la tiene?
¿Para explicar aquello que el ciudadano no comprende?
¿Para defender la verdad?
¿O simplemente para tener visibilidad, seguidores, influencia y acceso a determinados espacios?
La pregunta puede resultar incómoda.
Pero es necesaria.
Porque el periodismo no debería ser únicamente una profesión. Debe ser también una responsabilidad social.
CONCIENCIA
Un periodista consciente sabe que detrás de una noticia hay personas.
Sabe que una acusación puede destruir una reputación.
Sabe que una fotografía puede herir.
Sabe que una información falsa puede provocar consecuencias reales.
Sabe que una fuente puede manipularlo.
Sabe que el poder puede intentar utilizarlo.
Sabe que también puede ser utilizado por intereses económicos, políticos, religiosos, empresariales o personales.
Por eso la conciencia profesional es tan importante como la técnica.
EDUCACIÓN PERMANENTE
Y aquí aparece otra cuestión fundamental.
El periodista nunca termina de estudiar.
Aunque tenga una licenciatura, debe seguir formándose.
Aunque tenga veinte años de experiencia, debe seguir aprendiendo.
Aunque sea director de un medio, debe aceptar que puede equivocarse.
Hoy un periodista necesita entender, además de redacción y reporterismo:
- verificación digital;
- inteligencia artificial;
- análisis de datos;
- seguridad digital;
- redes sociales;
- SEO;
- derechos de autor;
- legislación;
- desinformación;
- producción audiovisual;
- nuevas narrativas;
- alfabetización mediática.
El mundo cambia. El periodismo también.
NO HAGAMOS UNA GUERRA ENTRE TITULADOS Y PERIODISTAS DE OFICIO
Este debería ser el mensaje central.
No necesitamos una guerra entre: universidad contra experiencia.
Necesitamos construir puentes.
El periodista titulado aporta formación académica.
El periodista de oficio aporta experiencia.
El especialista aporta conocimiento sectorial.
El JRI aporta competencias audiovisuales.
El investigador aporta profundidad.
El comunicador aporta capacidad de conexión con la audiencia.
Y el periodista verdaderamente profesional debería aspirar a combinar tantas de estas capacidades como sea posible.

¿QUÉ DEBERÍA HACER GUINEA ECUATORIAL?
Si queremos profesionalizar realmente nuestros medios, no deberíamos limitarnos a preguntar: “¿Dónde estudiaste?”
Deberíamos preguntar también:
¿Qué sabes hacer?
¿Qué has hecho?
¿Qué puedes demostrar?
¿Qué formación has recibido?
¿Qué experiencia tienes?
¿Qué principios éticos respetas?
¿Sabes verificar una información?
¿Sabes trabajar con fuentes?
¿Sabes diferenciar información, opinión y propaganda?
¿Has recibido formación continua?
¿Cuál ha sido tu trayectoria?
Estas preguntas permitirían construir un sistema mucho más profesional de acreditación.
UNA PROPUESTA DE EQUILIBRIO
Podríamos reconocer diferentes vías:
- Formación universitaria en Periodismo o Comunicación.
- Otra titulación universitaria + formación periodística especializada.
- Formación profesional especializada en periodismo audiovisual, JRI, radio, televisión, prensa u otras áreas.
- Experiencia profesional acreditada y continuada en funciones específicamente periodísticas.
- Formación continua y evaluación de competencias.
No son equivalentes académicamente.
Pero pueden ser caminos diferentes hacia el ejercicio profesional, siempre que existan criterios serios de acreditación.
LA PREGUNTA NO ES QUIÉN TIENE EL TÍTULO
Quizá hemos planteado mal el debate.
No deberíamos preguntarnos: “¿Quién tiene derecho a llamarse periodista?”
Deberíamos preguntarnos: “¿Quién está preparado para asumir la responsabilidad de informar a la sociedad?”
Porque ahí cambia todo.
Un título sin ética puede producir un mal periodista.
La experiencia sin formación puede producir malas prácticas.
La vocación sin preparación puede quedarse en buenas intenciones.
La formación sin práctica puede quedarse en teoría.
Pero cuando conseguimos unir: formación + experiencia + vocación + ética + conciencia + actualización permanente, entonces empezamos a hablar de verdadera profesionalidad.
EL PERIODISMO NO ES UN CARNÉ: ES UNA RESPONSABILIDAD
La sociedad no necesita periodistas que solamente quieran tener una acreditación.
Necesita profesionales que sepan que cada palabra publicada tiene consecuencias.
Que entiendan que investigar exige tiempo.
Que contrastar es obligatorio.
Que rectificar cuando se comete un error es una muestra de profesionalidad, no de debilidad.
Que una fuente no siempre tiene razón.
Que un cargo público no es automáticamente una fuente infalible.
Que una red social no es una agencia de noticias.
Que copiar no es investigar.
Que publicar primero no siempre significa informar mejor.
Y que el periodista debe conservar algo que ninguna tecnología puede sustituir: criterio.
UNA REFLEXIÓN FINAL
A quien estudia Periodismo debemos decirle: termina tu formación, aprovecha tus profesores y aprende todo lo que puedas.
A quien lleva años trabajando en los medios debemos decirle: no dejes de formarte y demuestra que tu experiencia se ha convertido en competencia.
A quien estudió otra carrera y llegó al periodismo debemos decirle: tu formación puede ser una fortaleza; complementa tus conocimientos con formación periodística.
A quien quiere convertirse en periodista solamente por fama debemos preguntarle: ¿estás preparado para asumir la responsabilidad que implica informar?
Y a todos nosotros, como sociedad, debemos recordarnos algo: el periodismo no necesita una guerra entre diplomas y experiencia. Necesita profesionales mejor formados, más conscientes, más éticos y más comprometidos con la verdad.
Porque al final, quizá la pregunta más importante no sea: «¿Cuántos años estudiaste?»
Ni tampoco: «¿Cuántos años llevas trabajando?»
La pregunta verdaderamente importante es: «¿Qué has aprendido, qué sabes hacer, cómo lo haces y qué responsabilidad estás dispuesto a asumir con aquello que publicas?»
Ahí comienza la verdadera conciencia profesional.
Y ahí también comienza el verdadero periodismo.
